LAS CRUCES
En el último libro de la Biblia, en el libro del Apocalipsis, en su capítulo 22, se habla de la «Nueva Ciudad» que tiene plantados en medio de sus calles árboles de vida que dan fruto abundante y es éste muy saludable. Desde los siglos noveno y décimo, en medio de las calles de Oviedo, ciudad fundada por el rey de la monarquía asturiana Fruela I y convertida en capital del pequeño reino por su hijo y sucesor en el trono Alfonso II llamado el Casto, se encuentran dos «árboles de vida»: las cruces de los Ángeles y de la Victoria.
La primera fue regalada a la iglesia de San Salvador de Oviedo por este piadoso Rey Casto, que siempre se consideró a si mismo «humilde siervo de Cristo», como consta en los documentos por él firmados.
Es de madera de cerezo revestida toda ella de oro finísimo y está enriquecida con objetos que pertenecieron al emperador Augusto.
Por su hermosura da la impresión que fue fabricada por «manos de ángeles», como así se la denomina desde tiempos antiguos. Es el signo de la Catedral de Oviedo y del Ayuntamiento del mismo nombre.
Y junto con esta cruz, la de la Victoria. Fue donada, de igual modo, a la iglesia de san Salvador de Oviedo por el último rey de la monarquía asturiana, Alfonso III el Magno. Es su «alma» de madera de roble y está revestida toda ella de oro fino. De esta cruz se puede decir que es un relicario ya que guarda en su interior, según tradición, la cruz que don Pelayo elevó, cuando inició la reconquista, en la montaña de Covadonga. De sus labios brotaron sentimientos que llenaban su corazón. Una antigua crónica los describe así: «Nuestra esperanza se encuentra en Cristo y de este pequeño monte saldrá la salvación de España».
Ambas cruces se guardan en la Cámara Santa, edificio del s. IX mandado construir por Alfonso II, y que hoy forma parte de la Sancta Ovetensis, denominación reiterada de la Catedral de Oviedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar. :-)