
De la Edad de Bronce, se conservan dólmenes, petroglifos, o incluso, la Pena do Unto, antiguo altar de sacrificios humanos situado en el Couto da Recadieira.
Mondoñedo posee una importante cultura castreña, ya que son muchos los restos de los castros que aparecen en el municipio. Son ejemplos de castros mindonienses el de Os Castelos de Viloalle, el de Santa María Maior, o el de Zoñán, entre muchos otros.
Se conservan en Mondoñedo restos de calzadas romanas, así como de bronces de Marco Aurelio y de Adriano, lo que deja clara la presencia de los romanos en la ciudad. En esta época, el núcleo de población se debió encontrar en el actual barrio de Os Castros, que luego se desplegaría a tierras más bajas.
Otro hecho importante será el origen de la diócesis, que seguramente se produce en el siglo V con la llegada de un grupo de bretones fundadores de la diócesis britoniense.
El auge de Mondoñedo comienza en 1117, cuando se instala en Vilamaior la sede de la diócesis. Tambien colabora en este auge Alfonso VII, quien en el año 1156 eleva el municipio a la categoría de ciudad.
En 1182, Fernando II decide trasladar la diócesis a Ribadeo, pero esta regresa de nuevo a Mondoñedo en torno a 1230, época en la que comienza a construírse la catedral.
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